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ESCRITORA Y BLOGGER| CONSULTORA | LOCUTORA | TRIROOKIEGIRL

 

Podría colocar todo eso en mi currículum. Y añadir que soy diseñadora. O terapeuta en Shiatsu, Reiki, Reflexología podal o Metamórfico. Que también trabajo con una herramienta poco conocida como son los Registros Akáshicos. Esto explicaría que nunca he parado de estudiar, por ejemplo. Pero siempre he pensado que una página que resume nuestro académico no define ni por asomo quiénes somos. Por eso mismo, te pincelo quién creo que soy.

Desde que era pequeña, los bosques han sido mi pasión. Nada que ver con la tierra donde nací, que es todo sol y playa. A mí el mar me gusta para cuando toca perder la mirada. Aunque ahora que me entreno para triatleta, lo respeto cada vez que me calzo el neopreno… La montaña y los árboles me dan la serenidad que no encuentro en el asfalto. Así que uno de mis sueños es vivir a un tiro de piedra de ese arsenal de tranquilidad.

Recuerdo las tardes en que pasaba las horas muertas en la biblioteca de mi pueblo. Los libros me han colocado alas en los pies y luces en la sesera, por lo que las páginas en blanco las he querido llenar siempre con letras. Lo sigo haciendo. Escribir me coloca en otro orden. A veces, sencillamente, me pone orden. Así que otro de mis sueños es tirar de abecedario para ver qué pasa si una escribe lo que quiere. O lo que necesita, según el caso.

Mis manos han recorrido mucho. Han conocido la historia de muchas pieles. El tacto como conexión hacia otras cosas: nuestros poros narran todo lo que no contamos. Los cuerpos hablan por sí solos. En aquella época no le pude poner nombre; ahora sé que se llama “sensitivo” y que aquello era el prefacio de lo que más adelante colocaría en títulos que explican que sanar se puede (y debe) hacer desde muchos lugares distintos. Sigamos con esto de soñar despierto y vamos a poner muchas luces en los faros. Faros en los caminos. Y caminos nuevos en los que marcar las huellas de nuestras “zapas”.

Fue carambola o cachondeo mayor, pero aún no había salido de las aulas y ya estaba delante de un micrófono. ¡Yo entré en la carrera queriendo ser regidora de televisión! Pero, poco antes de licenciarme, una beca en prácticas me pinchaba en vena este gusanillo al que he estado anidada 17 años de mi vida. Die-ci-sie-te, que se dice pronto. La magia de aquella época ya no es la de ahora. Y que conste que no es que no quiera renovar los votos, es que sé que la radio puede existir de mil maneras. La mil y una ha querido venirse a vivir con nosotros. En forma de proyecto social. Nunca pensé que tendría montada una ONG. Pero aquí andamos. Y el movimiento es gerundio. Es creando. Crear es un arte y el arte está en el patio de vecinas de la curiosidad. El cóctel molotov llega cuando a todo eso le ponemos un nombre y mucha filantropía. “Amor en acción”, que dice mi amiga Ana. Bueno, eso será. Y ya que todos soñamos con el Amor, otro de los que se ha convertido en realidad es Proyecto ART (Asociación de Radios Terapéuticas).

También se puede soñar con imposibles. Una palabra a la que no me canso de decir que le sobran dos letras. Un cuerpo, una cabeza, un corazón… un reto. Las puertas de la alegría se abren cuando nos marcamos nuestros tantos, no los de otros. Mis tantos parten de cero. De lo más yermo. Dicen los que saben mucho de esto que aprender algo nuevo nos vitaliza. Mantenerse joven es bello, aunque la juventud está en los ojos y en cómo vas mirando al mundo cada día. Mi mundo puede ampliarse las fronteras con algo tan fácil como sentirme bien en el pellejo. Treintantos largos en mi carné y yo con ganas de faena. ¡¡La culpa la tienen los de mi entorno, que son muy sanos!! Y le gusta correr. Nadar. Montar en bici. Trotar por la montaña. Los mismos que me cuentan las historias que me hacen coserme a esa sensación de pureza. O de valentía. O de orgullo propio. O de qué sé yo… Pero es bonito. Y si soñar es uno de esos verbos que cautivan, dejarme llevar suena de lujo. Planes de entreno, dieta sana, fuerza de voluntad, mente ágil, alegría en las carnes. Y compartir todos los kilómetros que pueda con los míos y los que van llegando. Una triatleta tirillas que se va a divertir de lo lindo. Aunque debo anotar que lo de tirillas empieza a formar parte del pasado. Vamos, que soy #TriRookieGirl o quiero serlo.

Con todo eso como retaguardia, otro sueño era ponerme delante del público. Esta vez sin un micrófono de por medio. Mirando a los ojos. Dejando que me cuenten y escuchando. Escuchando mucho. La consultoría llamaba a mi puerta y, ¡oye!, había que dejarle entrar. 

La vida auténtica no es inhibirte a la acción, sino todo lo contrario. Si la vida te pide pista, pistas o cambios, tu cógele de la mano y prepárate a saltar. A donde sea que te lleve. No con los ojos cerrados, sino de par en par. Sin perderte nada. Bueno, tan sólo una cosa:

el miedo a volver a empezar… 🙂

 

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